lunes, 21 de marzo de 2016

RITOS DE PRIMAVERA



Elche es una ciudad famosa sobretodo por sus palmeras (su Palmeral, el más grande de Europa, fué declarado Património de la Humanidad por la UNESCO en 2000). Fueron los árabes quienes más desarrollaron los huertos de palmeras con sus sistemas de acéquias y quienes dictaminaron leyes para la protección de dichos espacios. Aunque se sospecha que fueron los fenícios quienes introdujeron la palmera en el territorio (de ahí le viene su nombre científico: Phoenix).

Se ha desarrollado toda una cultura milenária alrededor de la palmera. Es considerado el "arbol de la vida", pues a su alrededor se desarrollaba la idem: agual, cultivos, sombra, alimento (dátiles)...
Es el arbol alrededor del cual se desarrollaba la cultura de los pueblos que habitaron Illici e incluso se usaban sus palmas en los ritos religiosos (Tánit, Diosa cartaginesa de cuyo culto hay evidencias arqueológicas en Elche, era representada con un "atrezzo" de alas y palmas de palmera). Ese uso ritual de la palma blanca persiste en Elche en las procesiones de Domingo de Ramos, en el "Misteri d' Elx" y en las fiestas de la Venida de la Virgen (15 de agosto), curiosamente un culto donde interviene la palma y una figura divina femenina...



(detalle de ánfora greco-íbera con representación de la Diosa Tánit. Obsérvese el detalle de las ramas de palma que la rodean Foto de la autora realizada en el MAHE)


El arte del preparado y trenzado de la palma blanca es una tradición que pasa de padres a hijos. Hoy en día se lo relaciona con la Semana Santa cristiana (como símbolo de triunfo, en la entrada de Jesús en Jerusalén), pero durante la época pagana de Illice eran parte del culto a Proserpina, Diosa infernal, que regresaba a la tierra en primavera tras pasar el invierno en los Infiernos junto a su marido Hades. La palma blanca estaba pues relacionada con el renacimiento asociado a la primavera.

Privadas de luz durante 9 meses (curiosamente es el tiempo que dura la gestación humana) los brotes que crecen encaperuzados, no realizan la fotosíntesis, con lo cual no sintetizan clorofíla y su color es blanco marfileño, en vez de verde.

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En mi tradición, se celebra el resurgimiento de Atecina, el númen/espíritu de la Tierra mísma, que tras morir y permanecer en el Inframundo durante el invierno, renace y regresa a la superfície y con ella, la primavera.
Si en el solstício de invierno los ritos giran en torno a la promesa de una primavera benéfica en contraposición al frio y a la oscuridad reinantes, en el equinoccio de primavera esa promesa se hace realidad. Es una metáfora que nos recuerda que nunca debemos desesperar, aunque la vida nos vapuleé, porque los malos tiempos acaban por pasar, como pasa el invierno. El día y la noche duran lo mismo, pero a diferéncia del equinoccio de otoño, aquí empieza a predominar más la luz, venciendo a la oscuridad de la noche.

La primavera es tiempo de nuevos inicios, de plantar las semillas de los proyectos que planeábamos en Invierno, de dejar atras etapas viejas de la vida, de abandonar viejos hábitos, de fertilidad (que puede ser reproductiva, laboral, material o espiritual)...

Una planta simbólica dentro de mi tradición es la aliaga o argilaga (Ulex parviflorus), que florece alrededor del equinoccio. Por ese motivo sus flores amarillas y olorosas simbolizan la luz y el renacer de la naturaleza. Pero sus púas pueden ser usadas en ritos de protección para alejar aquello que pretenda entorpecer aquellas "semillas" simbólicas que plantamos en forma de proyectos.


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